Existen pocos sitios en el mundo cargados de un fuerte impacto emocional que no deja indiferente a nadie como son los campos de concentración y exterminio de Auschwitz.

Localizados en la ciudad polaca de Oświęcim a unos 70 km de Crackovia, estos campos fueron construidos por la Alemania nacionalsocialista entre los años 1940 y 1941 tras su invasión de Polonia. Su objetivo era ser uno de los principales centros de recluto de prisioneros del régimen durante los años que estuvo al frente del país germánico.

En su mayoría, los prisioneros eran judíos, considerados por el nazismo como pertenecientes a una raza inferior y corresponsables de los males que había sufrido Alemania durante la Primera Guerra Mundial, aunque también había polacos, rusos, gitanos, homosexuales, presos políticos…en definitiva, personas de diversas índoles, víctimas de una ideología salvaje.

Hoy en día dos de los campos del complejo; los denominados Auschwitz I -el campo de concentración original- y Auschwitz II-Birkenau –establecido más tarde como campo de exterminio- se han convertido en un museo que recuerda y homonojea a las victimas del Holocausto.

Algunos bloques de Auschwitz I, el campo de concentración original.

Un recorrido por los distintos bloques del museo acerca emocionalmente a cualquiera a las experiencias sumamente salvajes que vivieron las cerca de un millón trescientas mil personas que llegaron a los campos, entre las que se calcula que murieron más de un millón cien mil.

En la práctica, para muchos de estas personas, la inhumanidad de sus vivencias comenzaba mucho antes de que llegaran a Auschwitz; engañados muchas veces por falsas promesas de casas y atractivas ofertas de trabajo, fueron trasladados en vagones de tren hasta el complejo, mediante largos viajes que duraban varios días sin tener ni de comer ni de beber.

Llegada de judeos a los campos de concentración de Auschwitz I.

Una vez allí, en la entrada al centro, el engaño sería reafirmado con una inscripción en la puerta de la misma que reza: “Arbeit macht frei”. Esta famosa inscripción, traducida como “El trabajo hace libre”, daba a los presos a entender que si trabajaban mucho serían eventualmente liberados del centro. Nada más lejos de la verdad.

Entrada principal de Auschwitz I. Puede leerse arriba la inscripción "Arbeit macht frei".

En efecto porque generalmente se procedía, a continuación, a la separación de los prisioneros en dos grandes grupos. 

Estaban, por un lado, los que no eran aptos para el trabajo, conformados en buena parte por niños, mujeres y enfermos. De nuevo mediante un engaño, esta vez consistente en informarles de que iban a recibir una ducha y un tratamiento con efectos curativos, se les encerraban en una sala donde se les descargaba el tóxico gas Zyklon B hasta que, en un intervalo de unos pocos minutos, morían. Sus cuerpos eran entonces llevados a una cámara anexa con hornos crematorios donde eran quemados. 

Algunos de este grupo también eran utilizados para realizar experimentos médicos de interés para el régimen nazi, como los referentes a terapias para la recuperación de soldados de heridas de guerra. Las consecuencias, como es de esperar, casi siempre consistieron en la muerte o la desfiguración permanente de los sujetos.

Botes del gas tóxico Zyklon B y hornos crematorios anexos a la cámara de gas.

Los que, por otro lado, eran considerados aptos para el trabajo tampoco tuvieron una suerte mejor: o bien eran asignados una tarea inhumana como, por ejemplo, recoger a los muertos asesinados en distintos puntos del complejo, tarea que hacían hasta que eran exterminados ellos mismos y sustituidos por otros presos recién llegados, o bien eran enviados a los campos de trabajo de Auschwitz-Monowitz, donde trabajaban prácticamente hasta la muerte.

 

Selección de presos a su llegada a Auschwitz-Birkenau. Puede observarse un oficial nazi apartando a un lado a mujeres y niños.

Precisamente las habitaciones y los barrancones donde malvivían los prisioneros se han convertido en los bloques que conforman el hoy en día museo. A lo largo del conjunto de 28 salas de Auschwitz I, por ejemplo, pueden encontrarse exhibiciones de pertinencias varias de los presos, fichas de algunos de ellos, exposiciones acerca del complejo y su funcionamiento, datos sobre el contexto histórico del Holocausto, accesos a las salas de castigo, celdas, cámaras de gas, crematorios, etc.

ALGUNOS BLOQUES DE RELEVANCIA

Bloque 5: dedicado a las “Evidencias materiales del crimen“, en él pueden verse objetos varios que pertenecían a los prisioneros, retirados de ellos bien a su llegada a los campos o bien de sus cuerpos sin vida tras ser asesinados.

Bloque 6: contiene exposiciones acerca de la “Vida cotidiana de los presos“, entre las que pueden destacarse exhibiciones distintas con el simbólico uniforme de rayas azules y grises que los presos estaban obligados a llevar en el complejo.

Bloque 7: muestra las “Condiciones de vida y sanitarias” en Auschwitz. Pueden observarse las literas de pésima calidad donde dormían los presos o los baños poco higiénicos del complejo.

Bloques 10 y 11: de Auschwitz I se encuentra el denominado “Muro negro”. Contra esta pared de ladrillos fueron ejecutados a tiros varios prisioneros condenados en Auschwitz.

Bloques 13, 15, 16, 17, 18, 20, 21 y 27: albergan exhibiciones y fotografías de presos de las diferentes naciones victimizadas en Auschwitz. El bloque 27 está dedicado en especial a los judíos, un colectivo étnico que fue particularmente perseguido por el nazismo.

Tras entrar y salir de estas salas, contemplar sus exposiciones, ver las imágenes, leer los detalles…, es significativo sentir cómo se te encoge el corazón, abrumado por las atrocidades que puede llegar a cometer el ser humano. Es conmovedor notar cómo una gran tristeza se apodera de todo tu cuerpo, y las lágrimas se te cargan irresistiblemente en los ojos, entristecido por lo cruel que puede llegar a ser el hombre. 

Y es que en momentos así, cuando uno presencia tan de cerca la barbarie del ser humano, es difícil concebir mayores palabras que frases de respeto y tributo a todos los que por ella han perdido la vida. Se hace preciso contribuir, a nuestra pequeña manera, a que no hayan más personas que por ella sufran, al igual que resulta irresistible sumarse a la reflexión que también pretende simbolizar el museo de Auschwitz: el reconocimiento del hombre de sus propios errores, de los cuales aprende y toma como referencias inapreciables en su andadura hacia un mundo más fraternal, justo y humano.

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