El domingo día 14 de Julio de 2019 participé por primera vez en la fiesta de la Batalla Naval del distrito madrileño de Puente de Vallecas.

Organizada anualmente desde principios de los años 80, se trataba de la edición número 38 de esta festividad, que se aúpa ya como la principal atracción entre las celebraciones populares de las Fiestas de Nuestra Señora del Carmen de la región.

Tiene su origen particular en el ingenuo de unos jóvenes del barrio de paliar las altas temperaturas registradas normalmente durante esta época en la capital española empapándose con las bocas de riego de la calle Peña Gorbea, popularmente bautizada, más tarde, como Bulevar de Vallekas.

Con el paso de los años, la fiesta ha ido evolucionando hasta hoy en día consistirse, esencialmente, en una marcha con dos características fundamentales:

  • La diversión, en forma del arrojo de agua los unos a los otros por parte de los participantes utilizando objetos varios tales como pistolas de plástico, cubos, barreños, etc.
  • La reivindicación de temas de gran relevancia política y social.

Para la batalla de este año se eligió como asunto de sensibilización la emergencia medioambiental actual provocada por el cambio climático. Se pretende hacer eco de las adversas consecuencias que, sin duda, tendrán para nuestro futuro y el del planeta los cada vez más elevados indicios de contaminación en los mares y en el aire de, sobretodo, las grandes ciudades.

El objetivo, así pues, es concienciar a toda la sociedad para que empecemos a poner freno a esta tendencia alarmante. De aquí el lema de este año: ¡Mójate! Paremos el cambio climático!

Ciertamente se trata de una de las experiencias que más me ha gustado en el relativamente poco tiempo que llevo en Madrid. En la compañía de un buen amigo, (Fabio, para los curiosos), nuestra andadura por la fiesta empezó nada más salir de la estación de metro de Nueva Numancia

Hubo poco tiempo para echar un vistazo alrededor y palpar el entorno dado que ya en la misma salida de metro había varias personas que, aprovechándose de nuestra inexperiencia e indefensa, no dudaron en mojarnos con agua. Nos hicimos, por lo tanto, rápidamente a la idea de la fiesta y, acto seguido, compramos, cargamos y disponíamos ya de nuestras propias pistolas de agua.

Preparados para la guerra que se avecinaba, nos fuimos adentrando, conjuntamente con la multitud y al ritmo de los tambores de charangas y cofradías diversas, en las calles que conformaban la trayectoria de la marcha. Pasamos primero por la calle Puerto Alto, entrando a continuación en Martínez de la Riva, después Monte Perdido, Arroyo del Oliver y acabando, finalmente, en la calle Payaso Fofó. 

El recorrido fue un encuentro continúo con personas desconocidas de diferentes edades, origines y quehaceres. Pese a esto, es casi mágico recordar cómo no nos sentíamos incómodos al mirar a estas personas a los ojos, porque sabíamos que todos estábamos allí por el mismo motivo. Cada dos por tres nos giraríamos bien a la derecha o bien a la izquierda porque alguien nos ha arrojado agua. O bien para mojar nosotros al que teníamos al lado. Hubo piques, enfrentamientos, sorpresas, algún que otro resbalón pero, sobretodo, risas y sonrisas. Muchas risas y muchas sonrisas. 

Alcanzada la plaza central junta a la calle Payaso Fofó, se dio paso a unos momentos de intenso tamborileo para marcar la finalización de la marcha. 

Ya de vuelta a casa, todavía podíamos observar cómo retumbaban las risas de las personas, algunas más empapadas que otras, que aún restaban en las calles. Todavía podíamos observar las sonrisas bien dibujadas en las caras de estas personas. Con todo ello, es difícil no darse cuenta de lo verdaderamente hermosa que es la humanidad honesta. Es difícil no darse cuenta de lo realmente bella que es la humanidad compartida, en pequeños momentos y en pequeños rincones. Pequeños rincones, como es Vallekas, puerto de mar. 

Puedes obtener más información sobre este evento visitando su página web: batallanavalvk.com.

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