Hace unos días, en los típicos (o quizá no tan típicos) ratos de estar en casa, estirado en el sofá y con la mirada distraídamente fijada en la tele, me llamó mucho la atención un anuncio de la compañía Beafeater, la marca de ginebra nacida y con sede principal en Londres.

En él una serie de personajes entran en una zapatería y piden ponerse los zapatos de gente que piensa distinto a ellos, con el propósito de entender las cosas desde la perspectiva de estas personas.

Acostumbrado y hasta cierto punto hipnotizado por la dinámica publicitaria de muchas de las grandes marcas comerciales actuales, generalmente más orientada hacia la incitación del deseo consumista en los espectadores, el soplo de aire diferente e inesperado que supone ver un anuncio como el que nos ocupa en esta entrada, invita, de forma irrechazable, a la reflexión y la interiorización personal del mensaje que pretende transmitir.

 

Y es que es evidente que vivimos en un mundo distinto al de otros tiempos. Los grandes avances tecnológicos de las últimas décadas están creando sociedades cada vez más abiertas y conectadas. Los constantes flujos migratorios ocasionados por diversos factores económicos, políticos, sociales y culturales están desplazando a personas a lugares muy lejanos de sus tierras de origen. Las alianzas internacionales entre países están contribuyendo a una globalización cada vez más notoria del planeta… Estamos, como consecuencia, cada vez más expuestos a lo nuevo, a lo diferente y a otras formas de hacer y de entender las cosas. 

 

Ante esta realidad, cabe hacernos la pregunta de cuáles son las actitudes que ayudan a hacer de la diversidad de hoy en día un elemento enriquecedor e impulsor de un mundo mejor, en vez de un motivo de odio, conflictos y sufrimiento.

 

La metáfora de la zapatería nos propone salir al descubrimiento de todo lo diferente que tenemos alrededor nuestro, y ponernos los zapatos de aquel o aquella cuyos criterios, forma de ser o convencimientos nos resulten disonantes. 

Se trata de hacer un ejercicio de ver y de comprender el mundo a través de los ojos del otro, como un vegetariano que busca ponerse los zapatos de las personas que comen carne y pescado, o un cura que quiere ponerse “los zapatos de quien no cree“, o un señor de tintes formales que pregunta por “un par para entender a las culturas toconas“,…

 

No se trata de estar de acuerdo con el otro, o “de convertirse en el otro, sino de no tener miedo a escuchar opiniones discrepantes, de combatir los prejuicios y de apostar por la diversidad como instrumento indispensable para el enriquecimiento social y el desarrollo. 

 

La zapatería plantea, en otras palabras, descubrir el verdadero significado de la tolerancia, actitud de respetar las ideas y los comportamientos de los demás, poniéndonos en su lugar, irrespectivamente de su origen, rasgos físicos o condición social, pues “no hay nada mejor para respetar al otro que ponerse en sus zapatos“. 

 

Y esto es, en definitiva, en lo que cree la campaña Respect de Beefeater y, por extension, un servidor, autor de la presente entrada. Pero si tú, querido lector, crees en algo diferente, que sepas que “tienes todo nuestro respeto“.

 

Puedes ver el anuncio completo aquí:

 

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