Debajo de la tierra de la ciudad polaca de Wieliczka, a unos 135 metros de profundidad, se encuentra la segunda mina de sal más antigua del mundo, a la vez que un auténtico acervo de obras artísticas e ingenios mecánicos. Alberga, además, un lago y varias estructuras religiosas, razón por la cual también es conocida como la Catedral subterránea de Polonia.

El yacimiento subterráneo se formó durante la época del Mioceno Medio y ha venido excavándose para obtener una de las moléculas cristalinas más importantes para el ser humano a partir del siglo XIII, finalizándose su explotación comercial en el año 2007.

En la actualidad, la mina tiene más de 300 km de longitud, alrededor del 1% de la cual -unos 3,5 km- está dedicado a la exposición de varias de las reliquias que aloja a los miles de personas que la visitan cada año. Es dentro de este contexto, más bien turístico (quiero decir, no fui a excavar sal), donde se sitúa mi experiencia dentro de la mina y que comparto en este post.

400 peldaños de descenso

De entrada, es interesante recordar la forma en que yo y los otros participantes del tour tuvimos que bajar hasta donde sería la primera parada de nuestra visita, situada a unos 64 m bajo tierra. Descendemos en total 50 escaleras, cada una de las cuales consistía en 7 u 8 peldaños, es decir, prácticamente 400 peldaños en conjunto. Fue una bajada bastante curiosa, por lo repetitivo y levemente espiral del movimiento contrario a las agujas del reloj que fuimos dando hacia abajo.

Nicolás Copérnico y la cámara Janowice

Llegamos abajo y seguidamente nos encontramos en una sala que nos asombra, nada más entrar, con una estatua del célebre astrónomo polaco Nicolás CopérnicoEste científico es uno de los visitantes más ilustres de la mina y la escultura, complementamente hecha de sal, fue realizada por los propios mineros en honor a su 500 cumpleaños.

A muy pocos metros de la escultura de Copérnico se localiza otra sala, conocida como la cámara Janowice, donde se hallan un conjunto de estatuas que representan la leyenda del anillo de Santa Kinga, quizá la figura más importante de la historia de las minas de sal en Polonia.

En efecto, cuenta la leyenda que la princesa Kinga de Hungría estaba comprometida desde bien joven con el príncipe de Cracovia, Boleslaw V el Casto, del que recibió un hermoso anillo de compromiso. Además, el padre de Kinga, el rey Béla IV de Hungría, le ofreció con motivo de su compromiso un dote de oro, plata y joyas. Sin embargo, la princesa desistió de toda esta fortuna, argumentando que su futuro marido era rico y su reino próspero, por lo que quisiera algo que de verdad le haría falta a sus futuros súbditos.

Concretamente, pidió a su padre un gran depósito de sal, un bien muy preciado en aquellos tiempos, pero que no había en Polonia, su futuro reino. El rey, queriendo complacer a su hija, la llevó a la mina de Maramaros, el depósito de sal más grande en Hungría en aquellos tiempos.

El gran estorbo, por descontado, estaba en cómo trasladar toda una mina de sal hasta Polonia. Sin embargo, se cuenta que ante esta situación, la princesa Kinga, lejos de desesperarse y tras unos momentos de oración, se quitó su anillo de compromiso y lo lanzó dentro de la mina, para la sorpresa de todos allí presentes.

Cuando finalmente kinga tuvo que irse a Polonia, reunió y se llevó consigo un equipo de mineros húngaros. Cerca de la ciudad polaca de Wieliczka, pidió a los mineros que cavaran un agujero profundo. Al cabo de un rato, dieron con una roca muy dura de la que, a petición de la princesa, sacaron un trozo. Kinga la reconoció como una masa de sal y les pidió que la partieran en dos. Al hacerlo, descubrieron el anillo de compromiso dentro. En ese instante, todos se arrodillaron delante de ella porque se dieron cuenta de que el dote que había pedido había sido milagrosamente traído a Polonia por su anillo de compromiso. Es, de esta forma, cómo se cree que la princesa trajo sal a Polonia. 

Kinga está coronada como la patrona de los mineros de Polonia y abundan pinturas y esculturas en la cultura polaca de la escena de un minero arrodillándose delante de ella con una masa de sal. Fue beatificada a finales del siglo XVII y en Junio del año 1999, canonizada y proclamada Santa. 

La noria de caballo y Casimiro el Grande

Retomamos el itinerario de nuestra aventura avanzando a través de un trazado cavado en forma de túnel entre las masas rocosas de sal. 

Por el camino el guía nos comenta sobre la evolución de la mano de obra utilizada para las labores dentro de la mina. Dicha mano de obra, en los comienzos, se basaban casi enteramente en el esfuerzo humano, lo cual conllevaba un gran desgaste para realizar casi cualquier tipo de trabajo, hasta que a principios del siglo XVI se introdujeron los primeros caballos dentro del yacimiento subterráneo. 

Estos animales adquirieron rápidamente una importancia y un protagonismo centrales en las labores de la mina, tanto que permanecieron allí varios siglos en adelante, siendo, de hecho, el último caballo finalmente retirado de la mina en el año 2001.

Los caballos se utilizaban para realizar diferentes tipos de trabajo, incluyendo el transporte de sal y otras materias a distintas regiones de la mina por carriles especialmente adaptados para su paso que pudimos apreciar en distintos tramos de la trayectoria.   

Otra atestación de la utilidad de los caballos la hallamos ya en la siguiente parada de nuestro tour. En la amplia sala podíamos observar, por lo lado, la presencia de una gran noria de caballo, aparato que servía para subir la sal que se iba produciendo dentro de la mina a la superficie terrestre. Gracias al empleo de los caballos, se podía generar gran fuerza para impulsar la subida de varias toneladas de sal a la tierra.

En esta cámara también encontramos, por otro lado, un buzo del rey Casimiro III el Grande, quien estuvo al mando del reino de Polonia entre 1333 y 3370. 

La escultura es un homenaje al primer rey que puso en marcha una serie de reformas y leyes que convirtieron el trabajo minero en un empleo bien valorado, otorgando a los mineros muchos privilegios y reconocimiento social, a la vez que alta remuneración económica.

Las capillas subterráneas

El siguiente avance del recorrido, por un trazado idéntico al que acabábamos de dejar atrás, nos llevó a una cámara donde se localizaba una pequeña capilla iluminada, soberbiamente decorada con un altar, una lámpara brillante colgando del techo y varios otros elementos de adorno religioso. 

Por toda la mina se encuentran pequeñas capillas “móviles” como ésta que los mineros, debido a la necesidad que tenían de rezar durante las largas horas que pasaban bajo la tierra, construyeron en varias zonas claves de la mina. Así, tan solo tenían que llevar consigo las figuras religiosas a medida que se iban desplazando por las distintas regiones del yacimiento para trabajar.

Y, como si todo lo vivido hasta ahora se tratara tan solo de un simple aperitivo de un plato fuerte aún por descubrir, nuestra aventura en la mina alcanzaría su punto máximo cuando entramos, a continuación, en la Capilla de KingaSe trata, sin duda, de la capilla más impresionante de la mina, además de ser la más grande y donde se encuentran la mayoría de las estatuas y esculturas. Es, asimismo, el principal motivo por el cual el yacimiento se conoce también como la Catedral subterránea de Polonia.

El extenso espacio de la sala está decorado con relieves de gran finura y exquisitos detalles esculpidos en las paredes de sal. Representan, en su mayoría, escenas importantes en la vida de Jesús, organizadas en orden cronológico, yendo desde la Natividad hasta la Última Cena, la Crucifixión y la Resurrección. Otros relieves describen importantes eventos bíblicos como la Matanza de los Santos Inocentes y también hay representaciones de algunos santos. 

Dos lámparas gigantes hechas completamente de cristales de sal cuelgan del techo, arrojando una luz brillante sobre toda la sala. En el altar principal destacan dos estatuas importantes: una de Santa Kinga y otra de San Juan Pablo II, quien visitó la mina tres veces durante su vida.

Los elementos artísticos dentro de la capilla se realizaron en el transcurso de 70 años, principalmente por los propios mineros, lo cual es relevante si tenemos en cuenta que no tenían ninguna formación profesional. Sin embargo, uno de ellos, conocido como Erazma Baraczadestacó especialmente por su gran talento, llegando a formarse y convertirse en artista profesional. Posteriormente realizó el relieve de la Última Cena, hecho fácilmente apreciable en la forma de la obra, encuadrada y con mayores detalles artísticos

El lago iluminado y las vigas de madera

Con las imágenes de la Capilla de Kinga aún grabadas en la retina de los ojos, es fácil despreciar, aún siendo inconscientemente, la magia de todo lo que viene después. Por fortuna, no pareció ser nuestro caso, pues nos quedamos igual de asombrados cuando nuestro recorrido entró, a continuación, en la cámara Erazma Baracza (dedicada al artista de la Capilla de Kinga), donde se encontraba un lago subterráneo iluminado de un hermoso color verdiazul.  

El lago tiene un alto contenido salino (más que, por ejemplo, el Mar Muerto) y ha sido a lo largo de los años protagonista de varios acontecimientos interesantes, más destacadamente el registro de un récord Guinness, correspondiente a la navegación de windsurf a la altura más baja del mundo (104 m), realizado por el regatista polaco Mateusz Kusznierewicz en el año 2005. Ésta no es, de hecho, la única marca Guinness que se ha registrado en la mina.

Por estos tramos del yacimiento también pasamos por la cámara Michalowice, una sala con impresionantes vistas de andamiajes de madera construidos originalmente como soporte para las estructuras de la mina.

Últimas cámaras y el ascenso

Las últimas paradas de nuestra andadura en la mina se produjeron en sendas salas con un marcado carácter más reposado. 

La primera de ellas, conocida como Stanislaw Staszic, era una gran sala donde se podía comprar souvenirs varios: collares, anillos, llaveros, estatuas diminutas, etc., en su mayoría hechos completamente o con algún contenido de cristales de sal. Con sus 36 m de altura, esta cámara es, asimismo, el otro sitio de la mina donde se estableció un récord Guinness. En este caso se corresponde al primer vuelo subterráneo en globo, realizado por Mirek Rękas, un piloto de parapente.

 

La última sala se hallaba en la altura más profunda a la que llegamos, a unos 135 m. Diseñada al estilo de muchas de las cámaras de la mina; con excavaciones en la paredes de sal y lámparas brillantes iluminando todo el espacio, se trata de una cafetería donde podíamos parar unos momentos para tomar algo.

Y, finalmente, tras casi 3 horas de recorrido, nuestra visita en la mina llegaría a su fin. Afortunadamente, la subida de vuelta a la superficie de la tierra la hicimos en un ascensor que se encontraba no muy lejos del punto de finalización del tour y, al subir, es casi irresistible empezar a echar ya de menos todo lo vivido dentro de este yacimiento subterráneo realmente espectacular.

 

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