Viajar y visitar sitios en el mundo pueden explicarse por diferentes motivos, según dónde y a quién se pregunte. Pueden representar, entre otras cosas, el alejarse de la rutina cotidiana para vivir experiencias relajantes, (re)descubrir tierras encantadoras, acercarse personalmente a hechos de tiempos pasados o, simplemente, perderse, en búsqueda de nuevas aventuras.

Segovia es uno de esos lugares al que visitar se explica bien por cualquiera de estos motivos, aunque cobra mayor sentido cuando lo hacemos desde una óptica más bien histórica. Efectivamente porque, además de una oferta gastronómica gozosa y paisajes de suma hermosura –citar al cochinillo asado y el parque natural de las Hoces del Río Duratón se hace ineludible en este sentido-, la ciudad segoviana también encarna majestuosamente la esencia de algunas de las épocas más trascendentales en la historia de la península ibérica.

Para mencionar algunas: la Hispania romana de antes de Cristo, la Hispania visigoda del siglo V hasta el VIII, el Reino de Castilla del IX hasta el XIII y los comienzos de la Casa de Borbón del siglo XVIII.

Toda esta riqueza histórica, expresada hoy en día a través de muchos de sus edificios, plazas, calles y callejuelas, respalda el reconocimiento de la Ciudad Vieja de Segovia como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. 

Segovia vista desde arriba.

Mi primera visita a la ciudad se produjo un nublado sábado de mediados de noviembre. Para ir desde Madrid hasta Segovia en transporte público hay que coger el tren en dirección Cercedilla. El desplazamiento, de unas 2 horas en total y con un trasbordo de tren incluido, daba ocasión a, además de entablar conversaciones varias con mis dos compañeras de viaje (Aleksandra y Viola para los curiosos), también contemplar los interesantes copos de nieve que recubrían ya la superficie de las montañas y los campos del camino.

La llegada a la estación de Cercanías de Segovia supuso la desconexión de las vistas paisajísticas y una paulatina conexión con la plenitud de la ciudad segoviana, lo cual pasó, inevitablemente en esta primera ocasión, por visitar sus tres monumentos más simbólicos: la Catedral, el Acueducto y el Alcázar.

La Catedral

La Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y de San Frutos.

Resaltando sobre el cielo segoviano, al desplazarse hacia la Plaza Mayor de Segovia, es casi inevitable observar los 88 metros de la torre de la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y de San Frutos. Imponente, elegante y de dimensiones vastas, la Iglesia, conocida también como la Dama de las Catedrales, se edificó entre los siglos XVI y XVIII con un claro estilo arquitectónico gótico, aunque por aquel entonces en gran parte de Europa ya predominaba el movimiento renacentista, por lo que en la Catedral también se observan algunos elementos estilísticos del Renacimiento.

Su primer arquitecto fue D. Juan Gil de Hontañón, al que sucedieron otros tantos, entre ellos su propio hijo, Rodrigo Gil de Hontañón.

El claustro de la Catedral de Segovia.

La Santa Iglesia es la tercera catedral que se ha construido a lo largo de la historia de Segovia. En efecto, se sabe de la existencia de una antigua catedral ubicada cerca de las orillas del río Eresma, destruida durante la persecución del Arrianismo en el año 516. La segunda catedral se construyó en la proximidad del lugar donde está situado el actual Alcázar y fue destruida en 1520 durante las Guerras de las Comunidades.

Interior de la Catedral de Segovia.

La Catedral tiene una estructura en 3 naves que conforman una planta de cruz latina. Sus medidas completas son: 33 metros de altura, 50 metros de ancho y 105 metros de longitud. Posee, además, capillas laterales, crucero, cabecera con girola, capillas radiales, una torre y un claustro.

El interior de la Iglesia está decorado con obras de gran valor artístico que ilustran diferentes pasajes de la Biblia, como el Llanto sobre Cristo muerto del escultor franco-español Juan de Juni, el Árbol de la Vida del pintor español Ignacio de Ríes o el Cristo yacente del escultor también español Gregorio Fernández

Una mención especial merecen, finalmente, las impresionantes vidrieras acerca de la vida de Jesucristo y de la Virgen María que revisten las ventanas de la Catedral y llenan de luz su interior.


Puedes encontrar más información sobre la Catedral aquí.


 

El Acueducto

El Acueducto de Segovia.

Situado en el centro de la ciudad, el Acueducto es una enorme construcción de piedra granítica edificada a principios del siglo II d.C durante los tiempos de dominio del Imperio romano en la península ibérica.

La función de la obra era la de conducir el agua desde las afueras de la ciudad, concretamente desde el manantial de la Fuenfría de la Sierra de Guadarrama, situado a unos 17 kilómetros, hasta Segovia. De allí, de hecho, la procedencia del nombre de la infraestructura: aqua (del latín para agua) y ducere (también del latín para conducir).

 

Otra vista del Acueducto.

La obra tiene una longitud de unos 728 metros y una altura máxima de 28,5 metros. Está formada por un total de 120 pilares que sostienen 167 arcos organizados en un sistema de doble arquería: una superior, formada por 44 arcos que constituyen el núcleo central de la construcción, y una inferior, compuesta por 119 arcos. Los arcos están formados, a su vez, por sillares (piedras talladas en forma de rectángulo) unidos sin ningún tipo de argamasa.

Se pueden observar 3 zonas bien diferenciadas en la estructura del Acueducto: la zona extraurbana, de donde partía el agua recogida de la Sierra; la zona periurbana, el trecho de mayor conducción del agua y la zona urbana, donde el agua se repartía a diferentes destinos.

 

El Acueducto es uno de los monumentos que, a día de hoy, mejor reflejan el esplendor que vivió el Imperio romano durante varios siglos, con asombrosas infraestructuras urbanas como esta construcción de canalización del agua.

Detalle de los sillares del Acueducto.

Puedes encontrar más información sobre el Acueducto aquí.


El Alcázar

El Alcázar de Segovia.

Alzado sobre la roca en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores en la Ciudad Vieja de Segovia se encuentra el Alcázar, una edificación de origines militares posteriormente convertido, entre otras cosas, en el palacio de casi todos los reyes castellanos.

Es probable que el edificio existiera ya durante los tiempos de dominación romana en la península ibérica, pues se han encontrado restos de sillares de granitos muy similares a los del Acueducto. No obstante, la primera prueba documentada que se tiene del mismo data de principios del siglo XII, poco después de que Alfonso VI de León reconquistase la ciudad segoviana del dominio musulmán.

El Alcázar visto desde delante.

El Alcázar permanecería como residencia real durante el reinado de los reyes castellanos postreros, tiempo durante el cual sería reconstruido y/o ampliado en diversas ocasiones. También sería el lugar para varios acontecimientos reales importantes, incluyendo la proclamación como reina de Isabel I en 1474 y el matrimonio entre Felipe II y Ana de Austria en 1570.

Con el traslado, a mediados del siglo XVI, de la Corte a Madrid, el Alcázar dejaría de ser utilizado como palacio real y pasaría a convertirse en prisión del Estado hasta el año 1762, cuando el rey Carlos III fundó el Real Colegio de Artillería e instaló su sede en el Alcázar. 

Tras un incendio en 1862 que destruyó la parte noble del edificio, el Alcázar sería reconstruido y restaurado en 1896, y se instalaría en su interior el Archivo General Militar, el archivo más antiguo de las Fuerzas Armadas Españolas.

Puente levadizo que lleva al interior del Alcázar.

El actual complejo del Alcázar es un conjunto de edificaciones superpuestas cuya arquitectura cuenta con diversos estilos, especialmente románico, gótico, mudéjar y renacentista.

En los extremos se encuentran dos torres: la torre de Juan II, en la zona de entrada, y la torre del Homenaje, justo al lado contrario

Un puente levadizo lleva al interior del edificio, que se sitúa en torno a dos patios: el Patio de Armas y el Patio del Reloj, y está formado por una capilla y varias salas nobles, entre las cuales se encuentran la Sala del Palacio Viejo, la Sala de la Chimenea, la Sala del Trono, etc.


Puedes encontrar más información sobre el Alcázar aquí.


Deja un comentario